| ¿Qué pasa que no logro terminar lo que empiezo? |
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¿Qué pasa que nunca logro terminar lo que empiezo? Cursos inconclusos, carreras truncadas, construcciones que nunca concluyen, relaciones que terminan sin saber muy bien porqué, libros que inician con mucho interés pero que... de repente se abandonan en un rincón, son sólo algunos ejemplos de cosas que algunas personas no logran concretar. Arrastrando posteriormente culpabilidad y una fuerte sensación de insatisfacción o, más difícil aún, sosteniendo la certeza de que se es incapaz de terminar algo. Hay diversas razones para que esto suceda y depende de cada uno. Podríamos pensar inicialmente en problemas de concentración que no permiten que terminemos algo cuando ya pasamos a otra actividad. Las personas con algún grado de déficit atencional encuentran un gran obstáculo en sostener su atención durante periodos prolongados, por lo que tienden a saltar de una cosa a la otra. Por ejemplo de estar leyendo, a prender el televisor, a comer, etc. Otra razón puede asociarse a que nos estemos obligando a realizar algo porque conviene que lo hagamos, pero que realmente no nos apasione. El típico ejemplo es el que sucede a la hora de elegir una profesión, algunos oficios tienen mayor demanda y nos enteramos que pagan mejor y que existen mejores posibilidades de ubicación laboral. Si escogemos una carrera por estas razones, puede que estemos pasando por alto lo fundamental: el gusto y la habilidad de cada quien. Aspectos que tarde o temprano tendremos que valorar. Algunas personas también tienden a ser tan perfeccionistas que no se permiten iniciar algo y descubrir que no les satisface sino que se obligan a continuar, encontrándose al final en un laberinto entre esa demanda que se hicieron y la posibilidad real de concluirlo. Ya sea que haya juicios externos, donde la familia, pareja o amigos, nos exijan terminar algo; o que el juicio sea de uno mismo, es importante analizar lo que nos está sucediendo para así buscar opciones de resolución. Un paso inicial puede ser tratar de enfocarnos en una actividad a la vez, analizar qué implica dicha actividad en cuanto a los objetivos que tengamos. También podríamos buscar alianzas saludables con personas que nos puedan apoyar, para que ayudados por otros que pueden ser compañeros, familiares, amigos, ensayemos formas diversas de ir poco a poco alcanzando los objetivos trazados. No apuntemos a metas muy ambiciosas completas, sino a etapas de éstas que puedan irnos apuntalando paulatinamente. Un ejemplo sería no medir el avance porque terminemos una carrera, sino porque logremos estudiar para un examen de una materia. Es ir un paso a la vez, pero firme. Muchas veces el tirano más fuerte que una y otra vez nos castiga, somos nosotros mismos. Así que flexibilizar un poco el tono de lo que nos estemos exigiendo, puede que rinda mejores frutos que la amenaza de ser fracasados si no culminamos tal o cual cosa.
Psicóloga |
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