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El impacto de recibir un diagnóstico de enfermedad grave
Recibir la noticia de que estamos padeciendo una enfermedad tan seria como puede ser cáncer, sida u otras, en general nos toma fuera de base en la medida… …en que no esperamos que algo malo nos suceda, el ser humano vive enfocado en vivir el bienestar, a veces sin registrar la realidad de la enfermedad o el peso de las malas decisiones que nos llevan a descuidarnos anímica y físicamente. Se hace sumamente importante que cuando una persona conoce su diagnóstico, cuente también con la información de las posibilidades de atención a que puede acudir. Tengamos en cuenta que hasta la más seria y grave enfermedad tiene posibilidades de atención a nivel de alivio, control de síntomas, atención psicológica, organización de cuidados, entre una gran cantidad de actividades que eliminan toda posibilidad de decir “no hay nada que hacer”. Todo lo contrario, cuando una enfermedad grave se presenta, es momento de hacer muchísimas cosas. Lo que pueden variar mucho son los objetivos, pues si no hay posibilidad de cura, habrá que analizar la toma de decisiones respecto a que se busque calidad de vida. Hay muchas personas que se desahucian a sí mismas, pues valoran que si no hay posibilidad de cura entonces nada vale la pena. La realidad es que una enfermedad por más seria que sea, deja el espacio a que la persona se adapte a su realidad, aún cuando esta realidad no sea elegida ni gustosa. Organizar los cuidados a nivel familiar, buscar a alguna persona que nos ayude, aprender a utilizar ciertos medicamentos, son apenas algunas tareas que pueden hacer la diferencia entre quedarnos paralizados o reaccionar y hacer lo posible. Hay un momento que implica el primer impacto, donde la toma de decisiones puede ser difícil. Pero poco a poco nos acercamos a la realidad, no sin sufrimiento. Pero al menos con la esperanza de que podamos hacer las cosas bien. La estabilidad anímica es algo muy importante de tratar, pues una depresión no atendida en momentos donde físicamente se está muy débil o deteriorado, acrecenta el riesgo de mayor dolor y la imposibilidad de encontrar esa adaptabilidad que permita seguir viviendo mientras haya vida. Opciones como la visita domiciliar en psicología es hoy una realidad y las ventajas que brinda el trabajo en equipo de múltiples disciplinas de la salud, pueden significar una diferencia sustancial en pro de la mejoría de la persona enferma. Fortalecer áreas como la espiritual, la emocional, aliviar el dolor y los síntomas molestos, genera que la familia sienta que está aportando alternativas de mejoría. Que haya espacio para la iniciativa y la creatividad, nos ayuda a evitar posiciones de espera pasiva que sólo dolor y desesperanza puede generar. Rescate elementos cotidianos como la lectura, conversar, mirar una película. Pero igualmente dése el chance de exponer sus preocupaciones y dudas. Comúnmente uno se encuentra con que lo más pesado de convivir con un diagnóstico de mal pronóstico, es el silencio que se establece y el dolor manejado a solas. Aún habiendo la presencia de familiares y personas comprometidas que podrían ayudar y comprender nuestro dolor. Aún cuando la circunstancia sea muy difícil, se hace imprescindible buscar esperanza, fortalecernos para luchar por nuestro bienestar y afianzarnos allí donde frente a problemas hemos encontrado algún soporte. La familia, nuestra fé, entre otras posibilidades, pueden ser un bastión para lograr seguir adelante y vivir de forma en que reencontremos la paz y el gusto por seguir viviendo.
Lic. Marielos Hernández Navarro Psicóloga |
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