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Soledad: un camino a la depresión
Los seres humanos somos seres sociales por naturaleza, conformamos parejas, familias, sociedades. Grupos que nos transmiten la sensación de identidad y protección, como sucede… … con los equipos de fútbol y sindicatos. Nos acostumbramos a trabajar con personas, a interrelacionarnos constantemente, aún cuando existan experiencias dolorosas (pues nos podemos defraudar de los demás o viceversa). Algunos estudios han centrado la atención en que las personas que viven más activas socialmente, junto con otras variables, tienden a vivir mucho más tiempo y con mayor calidad de vida. Adultos mayores rodeados de nietos, hijos, familiares o vecinos que ayudan a mantener activa su mente y alerta sus sentidos, son en general toda una previsión contra malestares de orden anímico y físico. Sin embargo la realidad actual está teñida de soledad, no conocemos a nuestros vecinos, no saludamos a desconocidos, en la familia todos trabajamos y difícilmente coincidamos para cenar juntos o departir alegremente. Cada uno corre por sus objetivos que tienden a marcar más profundamente esta individualidad que aún cuando no nos aporta mucho, es lo que percibimos como lo correcto. Es interesante analizar como las personas que viven en pareja o acompañadas se alimentan mucho mejor que aquellos que viven totalmente solitarios. Podría uno hipotetizar que cuando estamos acompañados somos más responsables tanto de nosotros mismos como de los demás, encontramos puntos de coincidencia para tratar de estar bien. En el caso de la depresión, el factor soledad puede ser un fuerte detonante de que empeore dicho trastorno. Si una persona no tiene con quien hablar, si no recibe la atención que nos brinda la compañía de un ser querido, difícilmente vaya a construir por su cuenta las redes sociales que le podrían llevar a una franca mejoría. La familia y amigos son los que en buena medida se enteran del malestar de un miembro y empiezan todo un recorrido por lo que piensan que podría llevar a resolver tal situación. Desde acercamientos a la iglesia a la que pertenece, reuniones de vecinos, estudiar o aprender alguna cosa, o simplemente disfrutar ratos de ocio, pueden ser elementos que ayuden a mejorar el estado anímico. Si uno enfrenta una depresión, lo primordial es que otros se enteren de que nos sentimos mal y poder abrir el portillo para que las propuestas de ayuda fructifiquen. La soledad y el silencio pueden ser una feliz elección por un tiempo y si nos sentimos realmente bien con esto; pero se pueden volver cargas muy pesadas de sostener pues nuestra naturaleza nos lleva a buscar compañía, a ejercitar nuestros sentidos con los demás y a explorar ese atractivo especial que tienen las relaciones, ya sean fraternas, amistosas o románticas. Si se siente desanimado no se deje arrinconar por la soledad, busque opciones que le llenen de la gratificación que brinda el socializar, aunque sea empezando poco a poco y con tolerancia. Le depresión es un trastorno que puede ser pasajero si se toman las decisiones pertinentes para nuestro autocuidado. Busque orientación en un profesional de la psicología si desea mejorar su estado anímico o el de un ser querido.
Lic. Marielos Hernández Navarro Psicóloga |
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