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El silencio entre padres e hijos
En ocasiones los conflictos repetitivos o las discusiones pueden generar un ambiente familiar plagado de silencios, donde cada uno intenta...
continuar con su vida, pero con la seria dificultad de no lograr evitar ese acercamiento que implica la convivencia. El silencio cuando se asimila a la indiferencia o al enojo, lejos de resolver los problemas, tiende a agudizar el dolor y la frustración. Las palabras dichas oportunamente en general llevan a construir soluciones, sin embargo cuando lejos de hablar más bien nos tragamos el problema, empiezan a aparecer más detalles que aumentan el enojo y que pueden generar palabras agresivas, ira o decisiones impulsivas que no necesariamente serían las mejores si existiera una buena comunicación. La relación entre padres e hijos no es sencilla, se presentan muchos cambios con el crecimiento de los hijos y con las circunstancias que van surgiendo. No es lo mismo ser padres de niños a ser padres de adolescentes o adultos jovenes. Si no se van adecuando las formas de comunicación, las normas, la relación en sí misma, será muy difícil encontrar puntos de acuerdo que lleven a poder madurar soluciones conjuntas. Se pasa de una etapa en que los hijos requerían de la toma de decisiones de los adultos a cargo, a otro momento en el que los adolescentes requieren ser partícipes de las decisiones, a poder opinar y comprender el porqué de las propuestas de sus padres. Ante estos cambios no funciona la imposición autoritaria, ni el silencio que represente situaciones sin resolver. Es mejor buscar las opciones que generen ideas e intentos para valorar el grado de madurez de nuestros hijos al enfrentar problemas. Hay que depositar confianza en la medida en que vamos percibiendo conductas adecuadas. Al igual que podemos ir posicionándonos como padres más justos en el tanto respetamos que nuestros hijos sean diferentes a lo que nosotros fuimos, pero aceptando que no necesariamente la diferencia es mala. Formas de vestir distintas, piercing, música diferente, juegos, son todos elementos que se vuelven algo que unifica a los adolescentes con sus pares y que de una u otra forma va significándole la posibilidad de socializar construyendo vínculos amistosos o románticos. No funciona que castiguemos lo que no nos gusta, esto demuestra intolerancia e irrespeto. Pues aún cuando no me guste cierto tipo de música, por ejemplo, es respetable que a otros les encante. La diversidad enriquece a la sociedad. Ser padres adecuados, implica ir aprendiendo poco a poco de experiencias propias y ajenas. Con la disposición de ir logrando mayor armonía. Podemos sacar grandes ventajas al establecer momentos para conversar en familia, ya sea durante la hora de la comida o espontáneamente. Las mayores dificultades surgen de lo no hablado que lastima y que genera poca información para entender lo que ha sucedido. Apuntemos a mejorar nuestra forma de comunicarnos y rescatar de nuestros hijos lo que les va haciendo actuar como adultos que requieren espacio y confianza.
Lic. Marielos Hernández Navarro Psicóloga
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